Aragón también se reconoce por sus dulces, perfectos para acompañar un descanso entre pistas o recuperar energías en un día de frío. Y si hablamos de nieve y frío, hay un imprescindible: el chocolate caliente. Aragón cuenta con una de las tradiciones chocolateras más antiguas de España desde que los monjes del Monasterio de Piedra introdujeron su elaboración en el siglo XVI. A ello se suma la historia viva de firmas como Lacasa o la fábrica de Chocolates Atienza en Ateca.
No hay mejor forma de templar el cuerpo tras una bajada que con un chocolate a la taza con sello aragonés.
Huesca: una tradición pastelera que marca estilo
La provincia de Huesca es reconocida por una pastelería que combina oficio, calidad y recetas que han pasado de generación en generación. Entre sus elaboraciones más conocidas encontramos dulces como la trenza de Almudévar, hojaldrada, aromática, un clásico que conquista a todos, o el pastel ruso, una delicada combinación de almendra y avellana que destaca por su textura suave. Estos conviven con otras muchas especialidades locales que completan un repertorio repostero amplio, variado y profundamente arraigado en la provincia.
Teruel: sabores que cuentan historias
La provincia de Teruel también aporta una personalidad propia al conjunto de dulces aragoneses. Entre sus recetas más tradicionales se encuentran los Besos de Amante, pequeños bocados suaves y entrañables, y las tortas de alma, con su característico relleno de calabaza y su esencia mudéjar. Forman parte de un recetario que continúa vivo gracias al trabajo de obradores y familias que mantienen la tradición.
La almendra: un ingrediente que nos une
Si hay un elemento común en gran parte de la repostería aragonesa, ese es la almendra. Su presencia en numerosos dulces, desde clásicos de Huesca hasta especialidades turolenses y zaragozanas, aporta personalidad, aroma y una identidad clara a nuestra dulcería.
La combinación de tradición pastelera, uso de ingredientes emblemáticos como la almendra y una larga historia ligada al chocolate hacen que Aragón cuente con un universo dulce único. En la nieve, son un punto de calor y energía que conecta al visitante con lo más auténtico de Aragón.




