Hay paisajes que resumen el Pirineo en una sola imagen: montañas, praderas y, entre ellas, el agua tranquila de un ibón. Estos lagos de origen glaciar son una de las imágenes más características de la alta montaña y también una magnífica excusa para calzarse las botas y descubrir algunos de los rincones más especiales de los valles de Tena y Benasque.
Desde pequeñas excursiones para disfrutar en familia hasta rutas para quienes buscan adentrarse un poco más en la montaña, seleccionamos seis ibones que merece la pena conocer este verano en el Pirineo aragonés.
Ibones en el Valle de Tena
1. Ibones de Sabocos y Asnos: dos clásicos desde Panticosa
Una de las formas más sencillas de acercarse a un auténtico paisaje de alta montaña.
La Telecabina de Panticosa permite ganar altura cómodamente hasta la zona de Petrosos, punto de partida de varias rutas de senderismo. Desde aquí se puede caminar hasta los ibones de Sabocos y Asnos, dos enclaves espectaculares de la Sierra de Tendeñera.
La ruta al Ibón de Sabocos tiene unos 5 km entre ida y vuelta, 210 metros de desnivel y alrededor de 1 hora y 40 minutos de recorrido. El Ibón de Asnos presenta unas características similares, con aproximadamente 4,5 km entre ida y vuelta.
Ambas son una opción ideal para descubrir el entorno de Panticosa y disfrutar de una jornada de montaña sin afrontar grandes distancias.
Perfecta para: familias, iniciarse en el senderismo y quienes buscan una excursión accesible en plena montaña.
2. Ibones de Anayet: una de las grandes postales del Valle de Tena
Hay lugares que justifican cada paso del camino, y los Ibones de Anayet son uno de ellos.
La ruta comienza en la zona de Corral de las Mulas, cerca de Formigal, y asciende progresivamente hasta alcanzar la gran planicie donde aparecen los ibones, rodeados por algunas de las siluetas más reconocibles del Pirineo.
Desde allí, el Pico Anayet y el Midi d’Ossau se convierten en protagonistas de una panorámica espectacular.
El recorrido completo es de aproximadamente 11 kilómetros entre ida y vuelta y presenta un desnivel considerable, por lo que está especialmente recomendado para personas acostumbradas a caminar por montaña.
Perfecta para: senderistas habituales y amantes de los grandes paisajes de alta montaña.
3. Ibón de Piedrafita: a los pies de Peña Telera
A los pies de la imponente Sierra de la Partacua, el Ibón de Piedrafita es otro de los grandes clásicos del Valle de Tena.
Su entorno es especialmente reconocible por la presencia de Peña Telera, que domina el paisaje y convierte el ibón en uno de los rincones más fotogénicos del valle.
Existen diferentes posibilidades para realizar la excursión, incluida una ruta que atraviesa el Hayedo del Betato antes de alcanzar el ibón, combinando bosque y paisaje de montaña en una misma jornada.
Es una alternativa especialmente recomendable para quienes buscan una excursión tranquila y un recorrido muy visual.
Perfecta para: familias, fotografía y una primera toma de contacto con los ibones del Pirineo.
Ibones en el Valle de Benasque
El Valle de Benasque concentra algunos de los paisajes de alta montaña más espectaculares del Pirineo. Sus valles, bosques y grandes macizos esconden numerosos ibones de origen glaciar que convierten este territorio en un destino imprescindible para los amantes del senderismo.
Elegir solo tres no es fácil, pero estos son un magnífico punto de partida.
4. Ibones de Villamuerta: una excursión corta con vistas al Aneto
Una opción ideal para quienes buscan una excursión sencilla sin renunciar a uno de los grandes paisajes del Valle de Benasque.
La ruta comienza en La Besurta y conduce primero al Ibón de Villamuerta y después al Ibón Alto de Villamuerta.
Son apenas 2,8 kilómetros entre ida y vuelta, con unos 185 metros de desnivel y alrededor de 1 hora y 45 minutos de marcha efectiva.
¿La recompensa? Una magnífica panorámica hacia el Aneto y el macizo de la Maladeta.
Perfecta para: familias acostumbradas a caminar, excursiones de media jornada y quienes quieran descubrir el entorno de La Besurta.
5. Batisielles y Escarpinosa: bosque, agua y alta montaña
Esta es probablemente una de las rutas más completas de la selección.
El recorrido comienza en el Valle de Estós y acompaña durante buena parte del trayecto al río, atravesando bosques y praderas hasta alcanzar primero el pequeño Ibonet de Batisielles, uno de los rincones más conocidos del valle.
Desde allí se puede prolongar la excursión hasta el Ibón de Escarpinosa, situado en un espectacular entorno de alta montaña, rodeado de pino negro y bajo las agujas de Perramó e Ixeia.
La ruta completa requiere varias horas de caminata, por lo que resulta perfecta para dedicar una jornada entera a descubrir esta parte del Valle de Benasque.
Perfecta para: senderistas que quieran pasar un día completo en la montaña y disfrutar de uno de los paisajes más representativos del valle.
6. Ibón de Gorgutes: un balcón hacia la Maladeta
Para quienes buscan un ambiente de alta montaña algo más marcado, el Ibón de Gorgutes es una magnífica elección.
La ruta comienza al final de la carretera A-139, en la cabecera del Valle de Benasque, y asciende entre pino negro, bloques de granito y grandes praderas alpinas hasta alcanzar el ibón, situado bajo el Puerto de la Glera.
Una vez arriba, las panorámicas hacia el macizo de la Maladeta son uno de sus grandes atractivos. Para quienes quieran alargar la excursión, el recorrido puede continuar hasta el Puerto de la Glera, prácticamente en la frontera con Francia.
La excursión al ibón tiene una duración aproximada de 3 horas y 40 minutos y requiere estar habituado a caminar por terreno de montaña.
Perfecta para: senderistas que busquen una ruta algo más montañera y grandes panorámicas.
Los ibones: un paisaje para disfrutar y proteger
Los ibones son uno de los paisajes más especiales del Pirineo, pero también ecosistemas de alta montaña especialmente frágiles. Sus aguas, su flora y su fauna requieren una protección especial para conservarse en buen estado.
Por eso, cuando los visites, recuerda que los ibones no son zonas de baño. Disfrútalos desde la orilla y respeta siempre el entorno y la normativa de cada espacio.
Además:
- Sigue los senderos señalizados y evita pisar la vegetación de las orillas.
- No dejes residuos ni restos de comida.
- No recojas plantas, piedras ni otros elementos naturales.
- Respeta la fauna y evita cualquier comportamiento que pueda alterar el entorno.
- Consulta las indicaciones y posibles restricciones específicas antes de realizar la ruta.
Disfrutar de los ibones también significa ayudar a conservarlos.




