El pasado 28 de agosto, la estación de Valdelinares volvió a convertirse en meta de La Vuelta Ciclista a España. Una jornada en la que algunos de los mejores ciclistas del panorama internacional cambiaron el asfalto por la alta montaña y pusieron rumbo a uno de los grandes finales en alto de esta edición.
La séptima etapa partió de Vall d’Alba, en Castellón, para afrontar 149,8 kilómetros de recorrido hasta alcanzar la estación turolense. Un trazado de montaña especialmente exigente en su parte final, atravesando enclaves como Fuentes de Rubielos, Rubielos de Mora y Mora de Rubielos antes de afrontar las ascensiones de San Rafael y Valdelinares.
Una llegada a casi 2.000 metros
Si algo convirtió a Valdelinares en uno de los puntos destacados de la jornada fue su altitud.
La ascensión definitiva llevó al pelotón durante 9,8 kilómetros y 578 metros de desnivel, con una pendiente media del 5,9 %, hasta alcanzar la meta situada en torno a los 1.965 metros de altitud. Una subida de primera categoría que volvió a poner a prueba las piernas de los corredores después de una jornada de continuo desgaste.
Valdelinares se situó así entre los grandes techos de La Vuelta 2026 y volvió a demostrar que las montañas turolenses también son territorio para los grandes retos deportivos.
Valdelinares y La Vuelta, una historia que continúa
No era la primera vez que el pelotón llegaba hasta aquí. La de 2026 fue la tercera llegada de La Vuelta a Valdelinares, recuperando una historia que tuvo uno de sus capítulos más recordados en 2014. Aquel año, bajo unas durísimas condiciones de lluvia y granizo, el colombiano Winner Anacona se llevó la victoria de etapa y Nairo Quintana se convirtió en nuevo líder de la clasificación general.
Doce años después, las carreteras de la Sierra de Gúdar volvieron a recibir a la élite del ciclismo y Valdelinares recuperó su lugar como escenario de uno de los grandes acontecimientos deportivos del país.




