Descubre cuatro curiosas leyendas del Pirineo

Descubre cuatro curiosas leyendas del Pirineo

Descubre cuatro curiosas leyendas del Pirineo

Muchas son las historias que rodean al Pirineo aragonés. Leyendas que han pasado de padres a hijos y que se han quedado grabadas en la mente de muchos aragoneses, historias muy apropiadas para este fin de semana de Halloween.

Por si todavía no las conoces, hemos recopilado algunas de las historias más conocidas que circulan de boca en boca sobre el Pirineo, grandes leyendas de un gran entorno natural. ¿Realidad o ficción?

Pirene y el nombre del Pirineo. Los protagonistas de esta historia son Pirene, la hermosa hija del dios Tubal, y Hércules. Muchas son las versiones que giran en torno a estos dos personajes, pero quizá la más bonita es la que cuenta la historia de amor imposible entre ambos personajes. Estaban muy enamorados, pero Tubal, padre de Pirene y dueño de las tierras pirenaicas, se oponía en rotundo a ese amor. Así que no se lo pensó dos veces: desterró a Hércules. La pobre Pirene cayó en una profunda tristeza. Su belleza hacía que muchos hombres del lugar se enamorasen de ella, pero Pirene sólo amaba a Hércules. Y ocurrió que uno de esos pretendientes, enfadado por los continuos desplantes de Pirene, incendió el bosque donde ella estaba. La bella hija de Tubal murió en el incendio y Hércules, que volvió de su destierro al conocer la noticia, ordenó enterrar a Pirene en el mismo bosque donde falleció junto a unas hermosas y gigantescas piedras a modo de mausoleo. Esas piedras fueron, según la leyenda, el origen de la formación de la cordillera pirenaica.

El mausoleo que Hércules ordenó levantar en honor a su amada Pirene fue el origen de los Pirineos.

El mausoleo que Hércules ordenó levantar en honor a su amada Pirene fue el origen de los Pirineos.

Formigal. Anayet y Arafita eran tal vez los dioses más pobres de la montaña, pero eran trabajadores, honrados y felices. Es más, tenían un tesoro, una hija preciosa, la diosa Culibillas. Ella nada quería saber de las pretensiones de otros dioses, sus afectos eran para los corderillos y, sobre todo, amaba las hormigas blancas que incluso durante el verano continuaban blanqueando la montaña, a la que bautizó con el nombre de Formigal (formiga en aragonés es hormiga). La paz se acabó el día que el poderoso y temido Balaitus se enamoró de Culibillas. Lo rechazó, pero desairado, Balaitus prometió raptarla. En tres zancadas se presentó ante ella decidido a cumplirlo, pero Culibillas gritó: ¡A mí las hormigas! Acudieron a millares y la cubrieron ante Balaitus, que huyó horrorizado. Cubilillas, en agradecimiento a las hormigas, se clavó un puñal en el pecho para guardar junto a su corazón a todas las hormigas. Es el forau de Peña Foratata. Cuentan que quienes suben puede oír los latidos de la diosa. Y desde entonces ya no hay hormigas blancas en Formigal, las tiene todas ella.

La Basa de la Mora. Hay una leyenda que dice que el ibón de Plan, o Basa de la Mora, es todavía más especial en la noche de San Juan. ¿Y qué ocurre esa noche? Cuenta la leyenda que una misteriosa y bella mujer musulmana -la mora que da nombre al lugar- se perdió entre las montañas pirenaicas buscando a su amado y desde entonces, vaga por el lugar, mostrándose bailando sensual y contoneando sus caderas al son de una mágica melodía cada noche de San Juan. Pero no todo el mundo puede verla: la mora del ibón solo se muestra a las personas de alma pura y corazón limpio. Y es que el ibón de Plan es solo de ella, de esa preciosa mujer que se quedó para siempre en sus aguas.

Imagen de Monte Perdido

Imagen de Monte Perdido

La leyenda del Monte Perdido. Muchas son las leyendas que rodean el origen del Monte Perdido, pero quizá la más conocida sea la historia de un mendigo y un pastor que transitaban por la zona. Dice la leyenda que el mendigo le pidió al pastor algo que llevarse a la boca y éste último, avaricioso y egoísta, le dijo que él también tenía hambre. El mendigo interpretó que el pastor no le iba a ayudar, pero aún así le insistió varias veces más. Cansado, el mendigo le dijo al pastor: «Te perderás por avaricioso, y allí dónde te pierdas saldrá un gran monte, inmenso, tan grande como tu falta de caridad”. Dicen que en ese preciso instante, el pastor perdió todo lo que tenía y él mismo se convirtió en el Monte Perdido. Quizá por no cederle un poco de comida al mismísimo San Antonio, un dato en el que coinciden muchas de las historias transmitidas de generación en generación.

Éstas son sólo cuatro de las leyendas que hablan sobre el Pirineo, sus orígenes, sus valles y sus pobladores. Puedes encontrar otras muchas en el conocido libro de Rafael Andolz, Leyendas del Pirineo para niños y adultos. Preciosas historias que mantendrán la magia del Pirineo para siempre. ¿Conoces alguna otra?

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